• Iglesia de Santo Domingo y Coricancha en Cuzco

    Iglesia de Santo Domingo y Coricancha en Cuzco

    El Coricancha o Templo del Sol forma parte de un monumental complejo de templos y murallas hábilmente construido por los Incas. La piedra maciza del Coricancha se convirtió en los cimientos de la iglesia y el convento colonial de Santo Domingo, que ahora dominan el lugar.

    Los historiadores españoles mencionan la importancia de este complejo al que sólo podían ingresar el Inca gobernante, la nobleza y el clero. El Coricancha tiene en su interior réplicas de oro del Dios Sol y deidades menores: la luna, Venus, estrellas, el arcoiris, el trueno y el relámpago. Las momias de anteriores gobernantes Incas eran sentadas en nichos de las paredes al nivel de los ojos. Cuando llegaron los españoles, este templo y la zona circundante incluían jardines "cultivados" con plantas de oro de tamaño real, frutos y animales; fue uno de los botines más grandes que encontraron los españoles. Dada la importancia del Inca y del hecho que los sacerdotes de la orden dominica acompañaron a Francisco Pizarro, la iglesia y convento de Santo Domingo, de estilo barroco, fueron construidos sobre sus cimientos.

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    Iglesia de la Compañía de Jesús del Cusco

    Iglesia de la Compañia de Jesús del Cusco

    La Iglesia de la Compañia de Jesús del Cusco alberga hermosos altares revestidos en pan de oro y una valiosa colección de pinturas de la escuela cusqueña.

    Fue construida en andesita y tiene la más bonita fachada entre las iglesias de la ciudad. En la entrada principal se observa a la Virgen de la Inmaculada Concepción, tallada en berenguela (mármol). Muy cerca de ella hay dos capillas externas que apoyan a la iglesia principal; hacia el norte está la capilla de la Virgen de Loreto (desde 1894 es conocida como la capilla de la Virgen de Lourdes), que hoy todavía sirve para el culto y donde casi siempre se adora al Señor de Burgos (que se trajo de la iglesia de San Agustín). Hacia el sur está la capilla de San Ignacio de Loyola que se otorgó a la Sociedad de Artesanos del Qosqo. 

    Al ingresar al templo principal destacan el Altar Mayor de tres cuerpos y columnas salomónicas, el púlpito de madera y numerosos retablos barrocos, platerescos y churrigerescos. La iglesia es de una sola nave ancha dispuesta en cruz latina, que privilegia claramente el área del crucero cubierto por una gran cúpula. Pese al arcaísmo de sus bóvedas de crucería, la concepción general del edificio es plenamente barroca y el trabajo de cantería que lucen sus muros es el más fino de toda la ciudad. 

    En un extremo, el Altar Alto -tallado en madera de cedro en un estilo híbrido, por Diego Martínez de Oviedo-, fue completamente dorado con hojuelas de oro por Cristóbal Clemente, en 1670. Este altar tiene 21 metros (69 pies) de alto y 12 metros (39 pies) de ancho, en su parte central se encuentra la efigie de la Virgen de la Inmaculada Concepción y, sobre ella, se muestra un lienzo que representa la Transfiguración del Señor; por encima de él hay una estatua de un personaje no identificado. 

    Su monumental retablo mayor, adornado con columnas salomónicas e íntegramente dorado, tiene pinturas y tallas de gran interés, como una antigua imagen de la Virgen y una tabla que representa La Transfiguración, atribuida al jesuita flamenco Diego de la Puente. 

    La nave principal también tiene un camino que comunica las dos capillas laterales, hay seis retablos con estilo de los buzos y un púlpito completamente dorado. En ambos lados del Altar Mayor hay otros 4 altares de madera de cedro, tres de ellos muy ricos.
    Después de los trabajos de la restauración, en 1986, se descubrió bajo el Altar Mayor un subsuelo muy interesante. 

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